Catar sin complicaciones: aprende a escuchar tu café
Te enseño cómo me acerco a una cata: sin prisas, con curiosidad y escuchando lo que cuenta cada taza.
La primera impresión también vale
Cuando cato, no intento acertar una lista de sabores. Primero me detengo en el aroma y en la sensación que deja el café. Quiero enseñarte a disfrutar ese momento sin la presión de tener que saberlo todo.
Para empezar, yo preparo una taza con una receta que conozco. Dejo que baje un poco la temperatura y pruebo con calma. El café cambia mientras se enfría, y me gusta prestar atención a esos cambios.

Empieza por el aroma
Me acerco al aroma antes de probar. ¿Me recuerda a cacao, fruta o frutos secos? No necesito encontrar una palabra perfecta: busco una referencia que me ayude a recordar la taza.
Después me fijo en la dulzura y en la textura. Me pregunto si el café se siente ligero o con más cuerpo, y si todos sus matices conviven de una forma agradable.

Dulzura, acidez y cuerpo
Yo entiendo las notas de cata como una orientación. No son sabores añadidos ni una obligación para quien bebe el café. Si tú percibes algo diferente, también merece la pena escucharlo.
Cuando comparo dos cafés, intento preparar ambos de la misma manera. Así descubro mejor sus diferencias y aprendo a distinguir lo que pertenece al café de lo que aporta la preparación.

Compara y vuelve a probar
Me gusta apuntar unas palabras sencillas: dulce, frutal, redondo, ligero. Con el tiempo, esas notas me ayudan a reconocer mis preferencias y a explicártelas mejor.
Te invito a hacer lo mismo. Prueba sin prisas, confía en lo que sientes y pregunta cuando tengas curiosidad. Yo también aprendo cada vez que vuelvo a catar.
Juana María · Te enseño más en Aprende · Descubre mis cafés
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